sábado, 6 de octubre de 2007

Introducción

“¿Es el Taekwondo una arte para matar personas?" Esta pregunta se la han hecho muchas veces aquellos que se introducen por primera vez en el tema. La respuesta es que el Taekwondo es un método de defensa personal, y el principio esencial del arte es que el practicante no debe efectuar ningún ataque, excepto cuando se vea amenazado por un adversario peligroso. Las disciplinas del Taekwondo están ideadas para inspirar sentimientos de confianza y bienestar, haciendo la existencia más significativa. Al estudiar el arte, el individuo llega a comprenderse a sí mismo y a comprender a su agresor: entonces puede tranquilizarse y volverse intrépido. La esencia del arte del Taekwondo radica en la integridad del practicante, pues la primera técnica enseñada en la academia de entrenamiento es la inclinación de respeto, con la cual el individuo hace patente la confianza en su profesor y en sus compañeros, que en la práctica se constituyen en sus amigos.
Una persona temerosa se limita a sí misma e impone limitaciones a la libertad de los demás, pero cuando se está libre del miedo ya no se busca dominar a otros, pues se tiene la confianza de que ya no pueden dominarnos... ya no nos pueden intimidar, sabemos que tenemos un lugar válido en el mundo: lo hemos explorado, elegido, nos hemos arraigado y desarrollado en él. Al inspirar confianza a su practicante, el arte del Taekwondo le permite disfrutar de los beneficios de la sociedad, sin ser absorbido o abrumado por ella. Se está libre para conservar y desarrollar el carácter y evitar el peligro de ser reducido a una cifra sin rostro, contada y controlada arbitrariamente por fuerzas impersonales. Hay quienes, carentes de genuina confianza interior, tratan de afirmar su individualidad mediante protestas turbulentas y beligerantes contra cualquier cosa que los frustre... y eso es todo. No obstante, en el Taekwondo hay una teoría esencial, relativa al concepto dialéctico de "blando y duro", Yin y Yang. El practicante de Taekwondo adquiere buenos modales, sabiendo que cuando sea necesario puede hacer valer sus derechos por la fuerza. Se convierte como el agua, que así como posee una tremenda fuerza inherente, puede generar vida o causar una terrible destrucción, así también es muy hermosa y tranquilizadora cuando la vemos como un arroyo manso, que fluye y se adapta en torno a las duras rocas que halla a su paso.
Arte marcial y deporte.


La W.T.F. como máximo representante del Taekwondo mundial, marca los puntos de unificación de todas las escuelas integradas a ella. También es responsable de reglamentar, programar y coordinar el Taekwondo deportivo a nivel internacional, tanto en su forma de combate como en sus competiciones técnicas.

La gran mayoría de las escuelas no enseñan el Taekwondo solo como una disciplina deportiva, sino que su enseñanza está estructurada como arte marcial, además a los alumnos más jóvenes que buscan la faceta deportiva, se les ofrece como complemento la posibilidad que les permita desarrollar sus cualidades como competidores y a través de esta faceta deportiva poder también ayudarles y canalizarles en su instrucción y formación educativa. Pero en ningún caso para la mayoría de las escuelas de Taekwondo la parte deportiva es su único fin, sino un medio más en su curriculum formativo, aunque si es cierto que al ser la parte más visible o pública de nuestro sistema, confunda de forma fácil a los no iniciados.

Para poder mantenernos siempre en esta línea, debemos ser todos conscientes del peligro que entraña que la promoción del Taekwondo como deporte olímpico, desarrolle y popularice cada vez más su fase deportiva y se abandone como arte marcial.

Antiguamente, los guerreros tenían un camino a seguir en su vida llamado bushido, el que se componía de un código de honor a través del cual buscaba la propia elevación moral y la unidad del cuerpo y espíritu. Este les inculcaba a profundizar en el dominio de los sentidos, del autocontrol a cualquier circunstancia, en donde conciencia y acción deben formar una sola cosa, y parte de esta disciplina era el abandono del ego y el desprecio a la muerte.